Estudios Interdisciplinarios en Teoría del Discurso

Coordinadoras: Paula Biglieri (Arg.) y Alice Casimiro Lopes (BR.)
2014 – 2015

La teoría del discurso desarrollada en la escuela de Essex, Inglaterra, a partir de la obra fundante Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia (1985), escrito por Ernesto Laclau en colaboración con Chantal Mouffe, reconfiguró las interpretaciones del marxismo tradicional a partir de un fecundo diálogo con autores tales como Lacan, Derrida y Heidegger. De esta manera, desarrolló una novedosa línea de investigación, posteriormente denominada posmarxismo, acerca del sujeto, las identidades políticas, la hegemonía y el discurso.

En el libro Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia (1985), se presenta una crítica de la visión esencialista sobre el papel de la economía y, en consecuencia, de las clases sociales en el análisis marxista. A partir de una revisión de la obra de Gramsci y Althusser , Laclau y Mouffe deconstruyen el marxismo insertándolo en el contexto de las relaciones sociales y los procesos históricos de los siglos XX y XXI. Los autores enfatizan el adelanto de la elaboración de Gramsci en relación con la propuesta de Lenin, en el sentido de que la constitución de una hegemonía no depende exclusivamente de una alianza de clases, sino que además es determinante el papel del líder para promover una coincidencia de intereses de diversos sectores sociales, que unidos por valores e ideas, puedan llegar a constituir un bloque. Rescatan a Gramsci en su defensa por la mediación de los intelectuales orgánicos, inmersos en las dinámicas del campo de la cultura, y por primera vez se propone la categoría de articulación como construcción política a partir de elementos no semejantes (Gramsci, 1968, 1978). Laclau y Mouffe (2001) también sostienen que el concepto de ideología es profundamente modificado por Gramsci, debe entenderse como el cimiento orgánico articulador de la del bloque histórico e incorporada a las instituciones y los aparatos, no sólo expresada en ideas. Para Gramsci, los sujetos políticos no son las clases sociales, sino complejas voluntades colectivas que exceden la separación base-superestructura de la base y se encuentra inserta en lo cultural, lo político y en lo económico.

La gran originalidad, sin embargo, del libro Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia, radica en la asociación de Gramsci con Lacan y Derrida para cuestionar los límites del marxismo: el esencialismo, el objetivismo y el determinismo. Después de todo, para Gramsci la hegemonía en la constitución de la clase obrera es todavía vista como la direccionadora del proceso de integración, y la economía la determinación histórica en última instancia. Se mantiene el esencialismo al concebir el centro de la identidad de sujeto hegemónico compuesto a partir de un punto externo al espacio en el que se da la articulación, es decir, la base económica. Laclau y Mouffe buscan el cuestionamiento de esas premisas a través de la incorporación de la contingencia de los procesos de articulación constituyentes de la hegemonía.

Los autores sostienen que el espacio económico está constituido políticamente, de forma hegemónica. Y la formación del sujeto político no es una consecuencia directa de sus posiciones en las relaciones de producción, por no ser esas las únicas posiciones que garantizan el antagonismo de esos sujetos en relación con el capitalismo. Este antagonismo puede ser producido por otras posiciones, como las de género o raza, dependiendo, por lo tanto, de la dinámica contingente. Afirman igualmente que existe una disputa entre los discursos que constituyen el estado, pero además sostienen que en esta lucha, lo discursivo no es entendido como superestructural o, referido solamente al campo de las ideas. Se trata de una disputa por las condiciones materiales engendrado en ese discurso constituyente del antagonismo social. Este antagonismo nunca es superado, porque es inherente a la actividad política democrática.

Esta matriz teórica más amplia es desarrollada en varios artículos y libros en que Ernesto Laclau profundiza la incorporación de aportes de pos-estructuralistas, particularmente con Derrida y Heidegger, como así también su acercamiento paulatino al psicoanálisis lacaniano. Sus tesis, por ejemplo: de las relaciones inconmensurables entre lo universal y lo particular, de la política como decisión en un terreno indecidible, de los procesos de identificación y subjetivación constituidos políticamente, de la noción de significante vacío y la imposibilidad de social, la dimensión afectiva en las configuraciones sociopolíticas, etc. han sido objeto de análisis fructífero en diferentes centros de investigación en el campo de las ciencias humanas y sociales (Critchley & Marchart, 2008; Howarth, Norval y Stavrakakis, 2000; Howarth & Torfing, 2005; Torfing, 1999, Biglieri y Perelló, 2007, 2012). También afecta a la teoría del discurso en el campo educativo, particularmente en publicaciones en inglés (Fendler, 2006; Giroux, 1992, 1994; Lapeado, 2005; Ruitenberg, 2010; Szkudlarek, 2003, 2005, 2007; Fischman y McLaren, 2005; McLaren y Farahmandpur, 2001; McLaren y Jaramillo, 2010; McLaren, 1997). Sin embargo, cada vez más ha merecido también la atención de los educadores mexicanos (Alba, 1999, 2003, 2004) y Argentina (Southwell, 2008).

En este sentido, a lo largo del siglo XX en el campo de la teoría política, más específicamente de la teoría política socialista, ha habido un creciente movimiento hacia el posmarxismo. Una vez caído el muro de Berlín, deconstruido el marxismo, y producida la ruptura en sus fundamentos de la ontología (Laclau, 1990; Derrida, 1995; Lacan, 1962), muchos teóricos -aquellos preocupados por la posibilidad de una política emancipatoria- se vieron obligados a repensar el lugar de la política y, con ello, la categoría de sujeto (político). Todo esto en la medida en que el proletariado como sujeto -a priori- llamado a ser el protagonista de la historia, un sujeto reconciliado (no dividido) y con un destino claramente definido de antemano, perdió consistencia.

Podemos ver resumidos estos debates en la polémica de los últimos años acerca del pueblo como categoría teórica. La discusión acerca del populismo es extensa y ha tenido diversos protagonistas, sin embargo, la producción más destacada ha sido la elaborada por Ernesto Laclau en su texto La razón populista (2005). Nos interesa pensar este pase hacia el posmarxismo como un efecto desfundamentador, como consecuencia de la ontología tachada que introdujo Lacan a través de sus indagaciones clínicas y teóricas. El postmarxismo surgiría al pensar la política con el psicoanálisis, en tanto para Laclau “…el psicoanálisis tiene una dimensión ontológica que simplemente modifica toda nuestra confección de la objetividad” (en Alemán; 2009, p. 106).

Es también a través de dos registros -la centralidad de lo político y la crítica de los fundamentos fijos de lo social- que la teoría del discurso de Ernesto Laclau se ha ido incorporado a la educación, y más centralmente hacia el campo del currículo. Dicha incorporación se realiza en el contexto del cuestionamiento de los fundamentos del proyecto educativo de la modernidad, causando un estancamiento importante en la forma de entender los propósitos educativos.

En los Estados Unidos -país de gran influencia en la producción curricular de Brasil y de la Argentina, como de otras partes del mundo- desde principios de 1980 los trabajos de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe son utilizados para cuestionar los conceptos de estudios críticos del currículo, desarrollado bajo el marxismo gramsciano de los enfoques de la escuela de Francfort y en menor medida, de lecturas fenomenológicas. Se cuestiona, por ejemplo, cómo ciertos lectura y hegemonía gramsciana, dominante en estudios políticos en currículo, caso omiso de la cultura de los grupos subordinados y procesos conjuntos, reduciéndolos a una simple dicotomía entre la reproducción y la resistencia (Wexler y Whitson, 1982) o incluso limitada propiedad marxista en el campo (Giroux, 1984).

Después de la publicación de la hegemonía, el impacto del trabajo de autores que intentó distanciarse de análisis macro estructurales, capaz de reducir el currículo a un epifenómeno de la economía y una cultura de alienación, si ampliado. La noción de democracia radical y cuestionar la prioridad otorgada al antagonismo entre las clases en la dirección del cambio social han contribuido a la recuperación en el currículo y en el campo educativo más ampliamente-antagonismo de género, raza y sexualidad (Giroux, 1988) y de los debates sobre la identidad (Bromley, 1989), así como para la construcción de una pedagogía radical en la esfera pública que a menudo se convirtió en la expresión de la perspectiva crítica de la educación.

Con la incorporación de los enfoques pos-estructuralistas y postmodernos en el campo educativo, se amplió el diálogo con la teoría del discurso, habiendo representantes de esta corriente también en Brasil (Lopes, 2006, 2008a y b, 2010, 2011; Lopes, Davis y Abreu, 2011; Macedo, 2004, 2006a, 2006b, 2009). Tales enfoques han desestabilizado los conceptos de sujeto, utopía, verdad, conocimiento y progreso, por citar sólo los más comúnmente discutidos, que aportaron a la deconstrucción de la escuela del proyecto de la modernidad y a la perspectiva crítica de la educación: construir un conocimiento que garantice la formación de un sujeto emancipado y capaz de luchar por una sociedad democrática. Gran parte de lo que se discute en el campo del currículum en 1990, tanto en Brasil como en el extranjero, estaba orientado a enfrentar los desafíos que la conmoción de los fundamentos de la modernidad produjo en los estudios educativos y curriculares (véase, por ejemplo, Silva, 1993 y Giroux, 1992). Una de las cuestiones centrales pasó a ser cómo pensar la posibilidad de la escuela y el currículum, de modo que contemplen la diferencia de grupos particulares y cuestionen la universalidad de un currículo académico; al mismo tiempo que contribuya a la construcción de un proyecto de cambio social basado en la idea de una supuesta posibilidad de distribución equitativa del conocimiento. El impasse entre los diseños de una modernidad que ha agotado sus posibilidades de lucha política, pero no logró la realización de sus ideales y una posmodernidad que expresa los riesgos de estos ideales totalitarios y apuesta a los particularismos contingentes, muchas veces conduce a un híbrido de tendencias teóricas en el campo (Lopes y Macedo, 2003; Pinar, 2011). Esto es porque la principal “solución” forjada para combatir este impasse es incorporar las matrices teóricas posestructuralistas y postmodernas para el análisis de las identidades y de la cultura, y para cuestionar la legitimidad de los procesos de conocimiento escolar, pero sin embargo permanecen en el campo de la política con análisis y prácticas marcadas por las teorías de contra-hegemonía. En otras palabras, concebir de otra manera a lo social y a la cultura, pero seguir pensando a la política como capaz de forjar el cambio social a partir de un sujeto centrado y una dirección preestablecida.

Esta es uno de los caminos que se presenta para los estudios curriculares actuales: la confrontación teórica de este impasse. La teoría del discurso ha sido así una de las posibilidades de avanzar en ese cuestionamiento. A través de las nociones de discurso, articulación, contingencia y, sobre todo, de las lógicas de la equivalencia y la diferencia, tenemos un léxico capaz de posibilitar el análisis de la relación entre universal y particular, más allá de una mera contradicción dialéctica u oposición real. El currículum supone como universal y capaces de servir a todos, puede ser analizado como un particular que se hegemoniza, para lo cual correspondería investigar las demandas que se articulan para garantizar tal hegemonización y las contingencias que permitieron de forma precaria su sedimentación.

En vista de estas preocupaciones, uno de los temas que más ha sido profundizado a partir de la teoría del discurso, es la política curricular. La teoría del discurso ha sido productiva para el campo educativo por introducir una concepción de la política que interrelaciona dimensiones ónticas y ontológicas de la política (Marchart 2007), apartando a los estudios políticos de la pretensión de establecer su sentido último y fundamental, de encontrar las bases que permiten de una vez por todas la sedimentación de lo educacional. Con esto, las dimensiones conflictivas e indeterminadas, por ser contingentes, de la política, son valorizadas, favoreciendo elementos teóricos que responsabilizan, y por eso mismo empoderan, a los actores sociales en diferentes contextos, dentro de la práctica de las escuelas.

La línea de investigación Currículum: sujeto, el conocimiento y la cultura (www.curriculo-uerj.pro.br) de la maestría en educación (www.proped.pro.br) de la Universidade do Estado do Rio de Janeiro (www.uerj.br), coordinado por Alicia Casimiro Lopes y Elizabeth Macedo, ha liderado investigaciones que incorporan la teoría del discurso en el campo de la educación que hacen foco en las políticas del currículum y también investigaciones sobre cultura y diferencia. A través de las alianzas que hemos establecido con otros grupos, hemos ido nucleando investigaciones que intentan establecer una interlocución con la teoría del discurso. El grupo coordinado por la Prof. María de Lourdes Tura en ProPEd/UERJ, centrándose en la cultura escolar y diferencia, el grupo coordinado por la Prof. Aura Helena Ramos y la Prof. Rita Frangella, ProPEd/UERJ y FEBF/UERJ, respectivamente, centrándose en los derechos humanos, cultura y formación de los docentes y el grupo coordinado por la Prof. Rosanne Días, en la Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ), centrándose en la formación de maestros, han establecido diferentes interfaces entre la teoría del discurso y la teoría del currículum, en diálogo especial con nuestras producciones. Cabe señalar positivamente que todas esas interlocuciones han generado producciones académicas plasmadas en publicaciones periódicas y libros calificados (véase, por ejemplo, días, 2012; Frangella y Barreiros, 2011; Ramos, 2011; Lopes, Abreu y días, 2011; Lopes, M & Tura, 2012; M & Barreiros, 2008; Tura, 2009).

El enfoque del grupo de investigación de la Uerj sobre la teoría del discurso condujo a un movimiento más amplio de articulación con equipos de investigación que estudian la obra de Laclau en las ciencias humanas y sociales. A partir de ese movimiento, comenzó a desarrollarse la relación con el Instituto de Estudios Interdisciplinarios de América Latina, de la Facultad de Filosofia y Letras de la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Además de discusión más específica del campo educacional, tenemos la intención de desarrollar una investigación teórica que permita problematizar la política, teniendo en cuenta la teoría del discurso de Laclau y Mouffe, centrándose en los efectos de la libertad y la hiperpolitización potencializados por las tesis posfundacionales, como así también en las subjetividades políticas que se constituyen por intermedio de articulaciones contingentes y provisorias en torno de determinados nombres de la política. Para ello, los estudios Laclau y Mouffe son complementados con los trabajos de Lacan y Derrida, problematizando las nociones de: hegemonía, antagonismo, la subjetividad/alteridad, subjetivación/identificación, diferencia y representación. La participación del Prof. Dr. Ernesto Laclau en este proyecto propicia la profundización innegable esta teorización.