Laclau – Antagonismo, subjetividad y política

LACLAU, Ernesto (2012) Antagonismo, subjetividad y política. En: Debates y Combates, Año 2, no. 3. p.7-37.

Resumen

Este trabajo parte de la interrogación acerca de las tres tesis implicadas en el manifiesto inaugural del socialismo moderno: la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases. Así, explora las diferentes alternativas que surgen al intentar articular esas tres dimensiones -la historia de la humanidad como objeto unificado, la posibilidad de determinar sus agentes, y la lucha como la relación establecida entre esos agentes- y define el antagonismo como elemento crucial del análisis. La relación entre el antagonismo y la objetividad social remite al interrogante: ¿hasta qué punto una negatividad que excede los límites de lo representable en un espacio cuyos parámetros constituyen un todo armónico puede entrar en la construcción de un campo discursivo significativo? El texto sostiene que tanto la contradicción dialéctica (hegeliana) como la oposición real (kantiana) comparten -a pesar de sus diferencias- un terreno común, que es el supuesto de la unicidad del espacio de representación. Esta suposición es abandonada y el análisis avanza en dos direcciones: en primer lugar, para mostrar cómo una distinción óntico/ontológica es inevitable una vez que el espacio de representación está necesariamente dividido; en segundo lugar, para mostrar que la prioridad ontológica de lo político sobre lo social es constitutiva de la experiencia humana. Una estructura ontológica en la cual el investimento ontológico en un objeto óntico es de carácter contingente y se manifiesta a través de su radical puesta en cuestión: no hay ningún “destino manifiesto” que requiera que el investimento ontológico tenga lugar en ese objeto particular. Es por eso que el abismo es también fundamento. Por otro lado, aquello que es investido en una particularidad óntica es un objeto necesario pero también imposible, un objeto, por tanto, que carece de toda representación directa. Esto equivale a decir que esa representación será siempre figural o retórica. Para concluir se retoma la afirmación del Manifiesto comunista: la historia humana debe ser entendida como lucha de clases. Esto es ambiguo, porque afirma la centralidad ontológica de la lucha, del antagonismo y, a la vez, se trata de un antagonismo muy preciso: el de clase. Detectar en los textos de la tradición socialista los puntos en los que las dos rutas resultaban posibles y las operaciones discursivas por las que una u otra ruta resultó escogida representa un proyecto de lectura que puede iluminar muchos meollos decisivos de las luchas emancipatorias.

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